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miércoles, 30 de mayo de 2012

La Hipocondría: Definición, causas y consejos para superarla

La hipocondría podría definirse como un miedo y preocupación excesiva e irracional a sufrir alguna enfermedad, y la consiguiente obsesión y seguridad de que es así, al más mínimo síntoma o cambio en nuestro cuerpo.

Aquel que padece este trastorno vive permanentemente alerta ante cualquier señal de su cuerpo que pueda hacer sospechar de una enfermedad, y por tanto esto le lleva a un estado de angustia e inquietud realmente agotador.

La hipocondría puede surgir de la nada, como un rasgo más del carácter que nos inclina a ella, y es más habitual en personas negativas y con propensión al pesimismo; en algunos casos el desencadenante de esta hipocondría puede ser el haber padecido alguna enfermedad real más o menos grave, y a partir de ella comienza la obsesión con la falta de salud.

Aunque lo más habitual y el tópico que todos conocemos es el de la persona que se pasa el tiempo de consulta médica en consulta médica solicitando pruebas y análisis, no siempre es así, otro tanto por ciento nada despreciable se sitúa en el otro extremo y prefieren vivir con el miedo y la preocupación flotando siempre a su alrededor antes que acudir al médico, porque el pánico a que sus sospechas puedan resultar ciertas los paralizan.

Como muchos otros trastornos la diferencia entre que esta hipocondría sea un problema grave que incluso nos inhabilite para llevar una vida normal, o simplemente una preocupación excesiva pero más o menos controlable, es una cuestión de grado.

En el primer caso será conveniente buscar ayuda profesional que nos ayude a superar esta situación, para los casos más leves siempre podemos hacer un ejercicio de superación de este problema por nosotros mismos.

Hay además que tener cuidado y tratar de salir de esta espiral en la que nos envuelve la hipocondría, porque esa angustia nos genera estrés, el estrés baja nuestras defensas, y por tanto de alguna manera precisamente esa preocupación por la salud nos puede arrastrar justo dónde no queremos, por no hablar de cómo muchas veces incluso esos síntomas que hemos creído descubrir no existen, si no que los crea nuestra propia mente y la observación obsesiva y excesiva de nuestro cuerpo.

Lo más importante es ser conscientes de que realmente la irracionalidad se ha instalado en nuestra mente, saber que las probabilidades reales de enfermedad siempre son inferiores a las de estar sano, y que la mayoría de los síntomas que creemos tener tienen explicaciones sencillas.

Es necesario ante todo no dejar que se instalen los pensamientos negativos ni nos controlen. Nosotros debemos poder controlarlos a ellos, para ello hay que ir practicando, al principio nos costará más, pero poco a poco iremos aprendiendo a hacerlo. Cuando alguna duda o miedo empiece rondar por nuestra cabeza no debemos permitir que se desarrolle alentándola y dándole vueltas, debemos cambiar de actividad, concentrarnos en alguna tarea, evadirnos pensando en cualquier otra cosa.

Evitemos siempre los programas, lecturas, y conversaciones sobre enfermedades, cualquier hipocondríaco sabe que tras esas informaciones, siempre encuentra algún síntoma parecido en su cuerpo, o como poco se queda en su mente el miedo a padecerlos en algún momento.

Y sobre todo, nunca consultar por Internet los indicios de posibles enfermedades, no tenemos el conocimiento necesario para discernir la información veraz de la que no lo es, y aunque ésta sea seria y real, siempre será demasiado general y para curarse en salud, nunca mejor dicho, apuntando siempre al peor de los casos. Debemos recordar que cada persona y cada caso es diferente y único.

Si aún así vemos que no somos capaces de resolver y paliar el problema por nosotros mismos, lo mejor antes de seguir nuestro periplo de consulta en consulta, es acudir a un buen psicólogo, ahorraremos tiempo y padecimiento innecesario.

domingo, 13 de mayo de 2012

12 de mayo, celebración del Día Internacional de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica

Este sábado, 12 de mayo, se ha celebrado el Día Internacional de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica con el objetivo fundamental de informar y concienciar a la población sobre estos trastornos y la situación a la que se enfrentan los pacientes que los sufren. Y es que si bien la fibromialgia fue reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en nuestro país no ha sido sino hasta muy recientemente cuando el Congreso de los Diputados ha solicitado la definición de los “mecanismos pertinentes” para que la fibromialgia pueda ser reconocida como “una enfermedad incapacitante”.

Todo ello a pesar de la gran prevalencia de la fibromialgia en nuestro país. De acuerdo con las estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 2-3% de la población española, y el 3-6% en el caso de las mujeres jóvenes, padecen fibromialgia, enfermedad de origen desconocido en la que se aúna un grupo de síntomas y signos entre los que destaca la presencia de dolor diseminado y/o dolor a la presión en determinadas zonas del cuerpo.
Más concretamente, la fibromialgia se caracteriza fundamentalmente por dolor persistente, fatiga extrema y rigidez muscular, así como por otros síntomas como la dificultad para dormir, la rigidez matutina, el dolor de cabeza, los mareos, los calambres o los problemas de memoria, que merman significativamente las capacidades físicas de los pacientes.

Se han realizado numerosas actividades y celebraciones en diferentes provincias de España con motivo de la celebración del Día Internacional de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica –12 de mayo, fecha escogida para conmemorar el nacimiento, en 1820, de Florence Nightingale–.

miércoles, 2 de mayo de 2012

LA EMOCIÓN Y SUS RELACIONES CON OTROS PROCESOS PSICOLÓGICOS

La emoción está muy relacionada con la motivación. Ambas proporcionan energía al organismo y lo disponen para la acción. La emoción es mucho más compleja que la motivación.

Vamos a ver las relaciones existentes entre la emoción y otros procesos.

1. Emoción y arousal.
El término inglés arousal hace referencia a la excitación o activación fisiológica.
Aunque es imposible explicar las diferentes emociones a través de la activación o excitación de tipo fisiológico, algunos autores han señalado que la emoción puede estudiarse sin necesidad de recurrir a su expresión conductual.
Cuando sentimos una fuerte emoción nuestro pulso se altera, el corazón nos late con más fuerza.

Este tipo de activación es lo que se conoce como activación o arousal.
Se han realizado numerosos estudios electroencefalográficos que registran la actividad eléctrica del cerebro, resultado un electroencefalograma.
Se trata de una serie de ondas irregulares que varían en frecuencia y amplitud.
Estas medidas electroencefalográficas no sirven para diferenciar las distintas emociones.

2. Emoción y aprendizaje.
Los psicólogos del aprendizaje se han preocupado por estudiar la conducta emocional.
Esta conducta podía observarse directamente y medirse mediante procedimientos precisos.

Para los conductistas la emoción es un tipo de respuesta muy importante para la supervivencia del individuo.
Vamos a centrarnos aquí únicamente en el paradigma de la respuesta emocional condicionada, debido al gran número de trabajos experimentales a que ha dado lugar. Otra línea importante de investigación es la desarrollada por Mowrer y Miller a partir del trabajo de Hull.

El paradigma de la respuesta emocional condicionada. Tuvo sus orígenes en el trabajo de Watson y Rayner. Ellos demostraron que era posible producir, en un niño pequeño, miedo a una rata blanca a la que anteriormente había mostrado respuestas de acercamiento.

Estos investigadores mostraron que utilizando el procedimiento adecuado era posible condicionar al niño para que sintiera miedo de la rata cuando antes sólo había manifestado respuestas positivas hacia el animal.

Watson y Rayner asociaron la presencia de la rata con un fuerte ruido que producía normalmente una respuesta de sobresalto en cualquier niño pequeño.

Esta respuesta emocional condicionada tenía efectos muy duraderos y, además, se generalizaba a otros animales parecidos a la rata. La conducta del niño hacia la rata se midió directamente mediante observación y registro de la conducta manifiesta.
Otra forma de estudiar la respuesta emocional condicionada se debe a Estes y Skinner, utilizaron básicamente el mismo procedimiento utilizado por Watson y Reyner. En lugar de medir la conducta emocional condicionada directamente como aquellos, la midieron de modo indirecto a través del efecto, positivo o negativo, de este procedimiento sobre la tasa de respuesta de una conducta instrumental previamente adquirida.

Como ha señalado Strongman, este modo de acercamiento al estudio de la conducta emocional no va lo suficientemente lejos porque no tiene en cuenta los aspectos subjetivos y cognitivos de la emoción que, constituyen aspectos importantes de la misma.

Aspectos éstos que nos incompatibles con los aspectos conductuales.

3. Emoción y memoria.
Parecen existir datos suficientes para poder suponer que el afecto o el estado emocional influye en los procesos cognitivos y especialmente en la memoria. Según Bower, cada emoción posee un nodo o unidad específica en la memoria.
Esta unidad está unida con proposiciones que describen eventos de la vida particular del sujeto que activan esa emoción.

Cada nodo se encuentra unido con otros nodos formando una red semántica a través de la cual se propaga la activación.
Bower ha resumido del modo siguiente el papel desempeñado por las reacciones emocionales en el aprendizaje de eventos asociados:

• a) cuando nuestras expectativas no se cumplen, generalmente se producen reacciones emocionales que dirigen nuestra atención hacia los eventos que le acompañan o preceden como elementos importante que deben ser aprendidos o tenidos en cuenta,

• b) las emociones movilizan la atención hacia las características de la situación que se juzga como significativas o predictivas, haciendo que dicha situación se aprenda.

Existen resultados congruentes con el modelo de Bower. Lo que se aprende en un determinado estado de humor se recuerda mejor cuando se está en ese mismo estado de humor.

Parece que tiende a haber una asociación entre el estado emocional en el que se está y el tipo de material que se recuerda.

Los resultados globales parecen sugerir que la congruencia de humor es un fenómeno real.
Todavía quedan muchos puntos oscuros.

Emoción y memoria de trabajo. Se ha encontrado también que los eventos emocionales se procesan más y permanecen durante más tiempo en la memoria de trabajo, por lo cual se recuerdan mejor.

Estos resultados parecen sugerir que los elementos últimos de la lista que contiene el elemento emocional no reciben la misma cantidad de repetición que los últimos elementos correspondientes a las listas que no contienen este tipo de material.
Esto se debe, probablemente, a que la capacidad de la memoria se reduce como consecuencia del procesamiento del estímulo emocional.

viernes, 20 de abril de 2012

Juego Patológico, un Trastorno Adictivo

El participar en juegos de azar, como el consumo de alcohol, es una actividad que en cantidades reducidas puede ser positiva y servir de entretenimiento a las personas, pero en cantidades excesivas se acaba convirtiendo en un serio problema, llegando incluso a convertirse en una enfermedad.

Entendemos por juego patológico, también denominado juego compulsivo o ludopatía, a un trastorno altamente incapacitante, que cursa de forma progresiva y crónica, y comporta un deterioro individual, familiar y social. Existe una incapacidad de la persona por controlar su conducta de juego de azar por dinero (ruleta, bingo, maquinas ‘tragamonedas’, etc), invirtiendo cada vez mas tiempo y dinero en esa actividad desatendiendo áreas significativas de si vida (trabajo, familia, ocio). Se recurre a engaños a familiares, intentos fallidos de dejar de jugar acompañados de irritabilidad y preocupación. Con el afán de conseguir mas dinero para jugar, algunas personas llegan a la falsificación, el robo o el abuso de confianza, añadiendo problemas legales a la situación.

No podemos considerar al jugador patológico como a alguien en quien hacer recaer la completa responsabilidad de sus acciones y de las consecuencias que de ellas se derivan, desde el punto de vista de la salud mental, es importante que se reconozca a escala social que es una enfermedad, dejando atrás viejas y desfasadas categorizaciones como la de “vicio” para el ámbito de lo moral. Es verdad que toma una participación activa en el proceso, pero también es cierto que al mismo tiempo lo sufre, como víctima de una serie de presiones que se van generando en su entorno. Él es el punto de origen del proceso que se desencadena, pero a la vez se convierte en un elemento más entre tantos otros, que queda arrollado por este proceso y ha de seguir inevitablemente su inercia. Los grupos de ayuda mutua que existen en nuestro contexto, comprenden esto con claridad.

Es uno de los problemas serios de salud publica y existen pocos (o ninguno) estudios controlados sobre su etiología y tratamiento en nuestro país y pocos en el mundo. Desde 1980, la comunidad científica internacional (la APA en su DSM y la OMS en la CIE) han introducido esta nosología en sus manuales diagnósticos, estableciendo el reconocimiento definitivo como enfermedad.

El crecimiento de juego patológico está en relación directa con el aumento y difusión son restricciones de la oferta de juego. Como es habitual en otros fenómenos (tabaco, alcohol, etc.), la indefensión ante esta avalancha afecta especialmente a los adolescentes y a las personas más vulnerables psicológicamente. Las iniciativas de investigación, evaluación y tratamiento de esta problemática son muy escasas, evidenciando la inexistencia de especialistas en el área.

Fases
Desde el punto de vista de Custer, se producen unos patrones uniformes de desarrollo progresión en el juego patológico y describe 3 fases de implicación progresiva en el juego, cuyas características y complicaciones son propias y predecibles.

Fase de ganancia
Al principio el jugador atraviesa un período de suerte donde se producen episodios frecuentes de ganancias. Éstos conducen a una mayor excitación por el juego, con lo que el individuo empieza a apostar con más frecuencia. Creyéndose, además, que es un jugador excepcional. La mayoría de jugadores sociales no van más allá de esta fase, que puede continuar unos pocos meses más o varios años. Pero el jugador patológico invariablemente tiene una historia en la cual ha habido un episodio de una importante ganancia. La ocurrencia de este hecho establece en la mente del sujeto que ello puede suceder y le crea expectativas de que puede repetirse en el futuro, con una ganancia incluso mayor.

Fase de pérdida
La ocurrencia de una gran ganancia significa el final de la primera fase y el inicio de la segunda o fase de pérdida. En este punto, se establece una actitud excesivamente optimista en el jugador, que es característica del estilo del jugador patológico y que le conduce a aumentar significativamente la cantidad de dinero que arriesga en el juego. La conducta de juego pierde su contexto social y el individuo comienza ahora a jugar solo. Debido a este aumento en la suma de dinero apostado, se van a producir fuertes pérdidas, difíciles de tolerar, y es entonces cuando empieza a jugar con el propósito, no ya de ganar, sino de recuperar lo perdido. Esta última característica es un patrón de conducta que los propios jugadores han calificado como el pecado capital del juego.
Así pues, con un optimismo desenfrenado, el jugador va aumentando progresivamente las cantidades de dinero que apuesta, lo cual inevitablemente le lleva a sufrir fuertes pérdidas, que debe restablecer urgentemente. Busca nuevas fuentes de las que obtener dinero para emplear en el juego. Los préstamos van a constituirse en una de esas fuentes. El dinero así obtenido, lo mismo que el que gana en el juego, está disponible rápidamente y requiere poco o ningún esfuerzo. A pesar de que habrán de efectuarse futuros pagos, la expectativa de que el juego proveerá el dinero necesario para cubrir dichos pagos, minimiza el problema a los ojos del jugador.

Pero los elevados préstamos se convierten en una nueva presión para él, que le hace seguir jugando y aumentar cada vez más las cantidades de dinero que emplea en éste, ya que su propósito consiste ahora, no sólo en recuperar, sino en obtener mediante el juego el dinero que debe y poder devolverlo rápidamente.

A medida que aumenta su preocupación por el juego, las relaciones familiares y laborales se van deteriorando. Trata de esconder su problema a la familia y a causa de sus excusas y engaños, se deteriora la relación con el cónyuge. En su empleo, empieza a disminuir su nivel de productividad y a perder horas de trabajo.

Aunque algunas veces se producen ganancias durante esta fase, éstas son siempre menores que la cantidad de dinero a que ascienden los préstamos. Por este motivo el jugador sólo paga en estos momentos las deudas más urgentes y se reserva todo el dinero que puede para asegurarse una rápida vuelta al juego. Pero las fuentes de crédito legales se van acotando y la presión de los acreedores aumenta, amenazando peligrosamente la seguridad y discreción del jugador. Estas presiones conducen a un estado financiero crítico del cual el individuo sólo puede salir de él obteniendo rápidamente una cantidad importante de dinero.

Llegado este momento, el jugador ha de confesarse, al menos en parte, a la familia, rogando se le conceda un voto de confianza y solicitando un dinero para poder salir de sus apuros. Es un momento de tregua en el cual queda implícito un acuerdo por parte del jugador de dejar de jugar. Ésta parece ser particularmente destructiva pues no permite que asuma sus responsabilidades. Sólo conduce a generar un optimismo poco razonable, el mismo que el jugador experimentaba en aquellos primeros momentos de ganancia, al crear la ilusión de que, en definitiva, nunca ocurrirá algo realmente desastroso. Cualquier cese de juego ocurrido después de este momento de tregua durará muy poco.

Fase de desesperación
El momento de tregua marca el final de la fase de pérdida e inicia la fase de desesperación. En esta fase es probable que se produzcan varios momentos en los que se concede una tregua al jugador, desbastándose en cada uno de ellos el interés sincero que en un principio habían mostrado los familiares por su problema hasta que éste se quedará alienado/abandonado en su propia familia que le ha ido prestando dinero y se da cuenta que no ha sido devuelto y que la conducta de juego persiste.

Emerge un estado de pánico a causa de la concienciación de varios factores: a) una gran deuda; b) ansia por devolver el dinero rápidamente; c) el sufrimiento que produce la alienación/abandono de la familia y amigos; d) el desarrollo de una reputación negativa en la comunidad, y e) un deseo nostálgico de recuperar las agradables sensaciones de aquellos primeros días de ganancias.

Las características principales de esta fase son la intensidad consumidora que el juego alcanza y el aparente desentendimiento por parte de familiares, amigos o trabajo. Bajo esta presión y la falta de dinero disponible o de sistemas de préstamo legales a los que acudir, se incrementa el riesgo de buscar vías de préstamos ilegales o de delinquir. La falsificación de cheques es la vía más comúnmente utilizada por los jugadores patológicos para conseguir dinero y seguir jugando. Éstos racionalizan su conducta delictiva alegando que lo que en verdad pretenden es devolver lo que deben. Esto, de alguna manera, justifica sus acciones ante sí mismos. Los prestamistas ilegales entran en juego en este momento.

En esta etapa, pocos jugadores son capaces de continuar en su empleo o negocios. El nerviosismo, irritabilidad e hipersensibilidad del jugador se incrementan hasta el punto de afectar conductas instintivas como el sueño y la alimentación. Todavía ahora se producen algunas ganancias ocasionales que conducen a un juego más intenso y a mayores pérdidas. Al final de esta fase la situación del individuo es verdaderamente desoladora. Las ideas sobre suicidio como vía de solución de todos los problemas, aparecen en varios jugadores patológicos en esta fase, incluso algunos llegan a consumar estas ideas.

IMPORTANTE: No podemos considerar al jugador patológico como a alguien en quien hacer recaer la completa responsabilidad de sus acciones y de las consecuencias que de ellas se derivan. Es verdad que toma una participación activa en el proceso que acabamos de describir, pero también es cierto que al mismo tiempo lo sufre, como víctima de una serie de presiones que se van generando en su entorno. Él es el punto de origen del proceso que se desencadena, pero a la vez se convierte en un elemento más entre tantos otros, que queda arrollado por este proceso y ha de seguir inevitablemente su inercia.

viernes, 6 de abril de 2012

La OCDE alerta de nuevo sobre la incidencia de Trastornos Mentales en el Entorno Laboral

La prevalencia de los trastornos mentales ha aumentado notablemente en los últimos años, repercutiendo negativamente en la productividad laboral, tal como lo ha señalado el último estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El informe pone de manifiesto que 1 de cada 5 trabajadores sufre un problema de salud mental; dichos trastornos están asociados además a una reducción de la productividad laboral, al aumento del absentismo laboral, a las bajas laborales de larga duración y al desempleo (ya que las personas con trastornos mentales tienen casi el doble o el triple de probabilidades de estar en situación de desempleo).

Según detalla el estudio, el motivo que pueden explicar la elevada incidencia de los trastornos mentales entre los trabajadores se encuentran el aumento de la inseguridad laboral y el estrés, que se han incrementado en los últimos años como consecuencia de la crisis económica que estamos sufriendo.

Para los expertos, la prevención y la intervención temprana son estrategias fundamentales para combatir la incidencia de estos problemas, dado que la mayoría de los trastornos mentales se manifiestan en la adolescencia.

Esta alarmante situación requiere que se pongan en marcha nuevos enfoques en las empresas y organizaciones, que incidan en mejorar las condiciones de trabajo para reducir las situaciones de conflicto y manejar adecuadamente el estrés laboral.
El informe de la OCDE trata de combatir los mitos y prejuicios respecto a la enfermedad mental y recuerda a los empresarios, gestores y líderes políticos que existen tratamientos eficaces para los trastornos de salud mental más frecuentes.

martes, 20 de marzo de 2012

Trastorno de somatización

En el pasado, este trastorno recibía el nombre de histeria. Consiste en la aparición de numerosos síntomas físicos que comienzan antes de los 30 años y causan un mal funcionamiento en la vida de estas personas. Durante la exploración médica no aparece ninguna enfermedad o bien si aparece alguna no explica todos los síntomas. Para que se diagnostique el trastorno es necesario que se cumplan todos estos criterios:

• Dolor en cuatro zonas diferentes (por ejemplo, cabeza, abdomen, espalda y pecho) o en cuatro funciones diferentes (por ejemplo, dolor menstrual, dolor al orinar, dolor durante las relaciones sexuales, etc.).
• Dos síntomas gastrointestinales diferentes del dolor (por ejemplo, náuseas y vómitos).
• Un síntoma sexual y reproductivo que no sea dolor.
• Un síntoma psiconeurológico (por ejemplo, parálisis, afonía, retención urinaria... de origen psicológico).

Cualquier parte del cuerpo puede verse afectada, y entre los síntomas que pueden aparecer se encuentran: dolores de cabeza, náuseas, vómitos, hinchazón, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento, dolor menstrual, fatiga, desvanecimientos, coito doloroso, pérdida del deseo sexual, dolor al orinar, problemas de erección o eyaculación, síntomas psiconeurológicos. Es habitual que estas personas padezcan también ansiedad y/o depresión.

Suelen describir sus síntomas como insoportables o lo peor que se pueda imaginar y a menudo se vuelven dependientes y manipuladores en sus relaciones y exigen atención y cuidados, llegando a enfadarse si los demás no satisfaces sus necesidades. No suelen ser conscientes de que su problema principal es psicológico y buscan ayuda médica. Aunque a veces su síntomas les reporten ganancias secundarias, no es raro que se sientan culpables y duden de su capacidad y valor personal.

jueves, 23 de febrero de 2012

Cómo Educar la Autoestima

Importancia de la autoestima.

La autoestima tiene un influjo decisivo en todo el proceso de maduración personal y es un objetivo fundamental en la educación ya que condiciona el aprendizaje y el rendimiento académico (baja autoestima = peor rendimiento = peor autoestima) y se proyecta en todo el comportamiento escolar, familiar y social.

Una alta autoestima hace que la persona sea capaz de enfrentar los fracasos y los problemas que le sobrevengan al tiempo que encuentra en su interior los recursos necesarios para superar las dificultades inherentes a su compromiso, en definitiva, fundamenta la responsabilidad. Asimismo para poder ser creativo, la persona debe autovalorarse positivamente y tener autoconfianza.

La alta autoestima permite que la persona elija las metas que quiere conseguir, que decida qué actividades y conductas son significativas para ella y que asuma la responsabilidad de conducirse a sí misma sin dependencia de otros ni apoyos del medio. Ademís es la plataforma adecuada para relacionarse con el resto de las personas debido a que al irradiar un ambiente positivo en nuestro entorno, seremos mejor aceptados y podremos estimar mejor a los otros. Por otra parte hace que la persona se autoimponga unas aspiraciones más altas, alimentadas por la esperanza, haciendo posible ser agente de cambio social.

Siguiendo la corriente humanista, la fuerza más profunda del hombre es su tendencia a llegar a ser él mismo, captarse a sí mismo, la autorrealización. El problema del hombre moderno es su vacío existencial. Por todo ello uno de los principales objetivos en la educación es promover la autoestima.

¿Qué es la autoestima?
La autoestima es una actitud hacia uno mismo, la línea conformadora y motivadora de nuestra personalidad, que la sustenta y le da sentido.

La autoestima no es innata, sino que se genera como resultado de la historia de cada persona. El aprendizaje de la autoestima no es intencional generalmente, ya que se nos modela desde contextos informales educativos, aunque a veces es el fruto de una acción intencionalmente proyectada a su consecución.

Es una estructura consistente pero no es estática. Puede crecer o decrecer, es pues dinámica. Es funcional y engloba y orienta todo el dinamismo humano. Es la raíz de nuestra conducta y posee dos cualidades muy importantes: la transferencia y la generalización. Gracias a ellas podemos responder a móltiples y diferentes operaciones.

La autoestima tiene tres componentes:
a. Cognitivo.
b. Afectivo.
c. Conativo.

Estos operan íntimamente correlacionados, de modo que si uno de ellos se deteriora, los otros dos también quedarán negativamente afectados, y a la inversa. Hay que tener esto en cuenta a la hora de plantear la pedagogía de la autoestima.

a. Componente Cognitivo. Es el autoconcepto definido como opinión que se tiene de la propia personalidad y sobre su conducta. Es el conjunto de autoesquemas que organizan las experiencias pasadas y son usadas para reconocer e interpretar estímulos relevantes en el ambiente social. Este es el más importante de los tres componentes y es también acompañado por la autoimagen o representación mental que un sujeto tiene de sí mismo en el presente y en las aspiraciones y expectativas futuras. El valor de la autoimagen es determinante para la vitalidad de la autoestima. El vigor del autoconcepto está basado en nuestras creencias entendidas como convicciones, convencimientos propios.

b. Componente Afectivo. Conlleva la valoración de lo que en nosotros hay de positivo y de negativo. Es sentirse a gusto o a disgusto consigo mismo. Una ley fundamental por la que se rige la autoestima es "a mayor carga afectiva, mayor potencia de la autoestima".

c. Componente Conductual. Es la intención, la decisión de actuar. Es el proceso final de toda la dinámica interna de la autoestima. Es la autoafirmación dirigida hacia el propio yo y en busca de consideración y reconocimiento por parte de los demás.

¿Cómo educar la autoestima?
La autoestima nace de dos causas:
• La autoobservación en diferentes evaluaciones con referencia a los realizados previamente.
• De la asimilación e interiorización de la imagen y opinión que los demás tienen y proyectan en nosotros.
Siguiendo el orden de los tres componentes vamos a explicar diferentes estrategias para desarrollar la autoestima o educarla.

Componente Cognitivo. Estrategias:
• El reflejo
• La autoinspiración
• La dramatización
• El modelado

El reflejo consiste en reflejar las cualidades, capacidades y competencias que venimos observando en el educado. Esto le proporcionará un conocimiento objetivo de sí mismo en el aspecto positivo (por ahora dejaremos de lado los defectos).